La actividad física estuvo asociada a la salud de las personas desde tiempos remotos. Los deportistas de la antigüa civilización griega, por ejemplo, ocupaban un lugar destacado dentro de la sociedad y se llegaron a endiosar sus hazañas atléticas. A lo largo de la historia se fue relacionando la longevidad de ciertas poblaciones del planeta con estilos de vida activos y de adecuada alimentación.
Las enfermedades del corazón y las arterias ocupan un triste primer lugar como causa de mortalidad en el mundo occidental. En su aparición y desarrollo están involucrados múltiples factores de riesgo dentro de los cuales el tabaquismo, las alteraciones del colesterol, la hipertensión arterial, el sedentarismo, la diabetes, el estrés mental y la obesidad ocupan un lugar de relevancia. La variedad de estudios que establecieron la asociación íntima entre actividad física y salud cardiovascular llevó a la Asociación Americana del Corazón a declarar al sedentarismo como un factor de riesgo mayor para el desarrollo de enfermedades cardiovasculares.
El ejercicio físico regular contribuye a combatir todos los factores de riesgo y más aún, al actuar directamente sobre el corazón y los vasos sanguíneos, es uno de los elementos más eficaces para prevenir la aparición y la progresión de la enfermedad. En las personas que ya han sufrido una enfermedad cardíaca, se ha comprobado que el ejercicio colabora en el tratamiento, mejorando la calidad y cantidad de años vividos. Sin embargo, en nuestro país, el estudio FRICAS pudo demostrar que el nivel de sedentarismo era mayor entre las personas que habían tenido un infarto de miocardio.
Las encuestas muestran que la población físicamente activa en Argentina alcanza apenas el 15 o 20%, es decir que de cada diez personas 8 son sedentarias. Este fenómeno está influenciado por pautas culturales e históricas que no han sido modificadas y convierten a la sociedad argentina en mayoritariamente sedentaria.
Es importante enfatizarle a los pacientes, que los niveles de actividad física requeridos para la promoción de la salud no necesariamente deben ser de elevada intensidad. No es "sine-quanom" tener el entrenamiento de un atleta para lograr resultados y las personas sedentarias pueden mejorar su aptitud física comenzando con breves períodos de ejercicios livianos.
Según las nuevas recomendaciones, alcanzaría con efectuar 30 minutos de caminata al menos 5 veces a la semana para obtener los beneficios que aporta la realización de actividad física. Esto es, disminución de TG y valores de Colesterol, como así también, aumento de las cifras de HDL, además de mejorar la sensibilidad a la Insulina por parte de los tejidos.
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