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componentes orgánicos de la dieta humana en carbohidratos, lípidos y sustancias con alto contenido en nitrógeno, las que después se llamarían proteínas.
La relación más precisa entre colesterol y aterosclerosis fue descripta por el médico ruso Nikolai Anichkov. Estableció, con acierto, que el colesterol era “el responsable” de la formación de los ateromas. Dichas estructuras anátomo-patológicas resultaron ser estudiadas por Virchow en el año 1856.
El posible rol de las grasas en el desarrollo de las enfermedades cardiovasculares fue anticipado por el filósofo suizo Albretch von Haller, quien postuló que “durante el sueño, y cuando el cuerpo y el espíritu están en reposo, las grasas se depositan en las células”.
Haslan en 1913 y Chick en 1914 demostraron en forma independiente que las globulinas contenían pequeñas cantidades de fosfolípidos (especialmente lecitina) por lo que a estas proteínas asociadas a lípidos, Chick las llamó “lipoproteínas”.
En el año 1929, Michael Macheboeuf aisló del plasma de un equino una lipoproteína caracterizando por primera vez su composición química. La identificó como una alfa-lipoproteína (por tratarse de la primera) y actualmente se la reconoce como HDL.
Blix y col. en el año 1941, y mediante electroforesis, lograron separar dos fracciones lipoproteicas. Una de ellas era la descripta por Macheboeuf; la otra fue identificada como beta-lipoproteína, la que poco tiempo después sería denominada LDL por Pederson.
Cohn y col. en el año 1946 lograron, finalmente, separar otras fracciones lipoproteicas. La VLDL resultó ser una de ellas. En 1949 Gofman y
col., propusieron criterios de clasificación estableciendo rangos de densidad. Actualmente, y en forma casi universal, a las lipoproteínas se las designa por el comportamiento que adoptan en función de la densidad.
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